Una mirada a Paris
Una visita fugaz a París mientras hacía parada en el aeropuerto de Orly, camino a Berlín, la Sorbona el subterráneo y sus recovecos, el servicio de taxis “Uber”, los trolebuses y para rematar el Kebab.
Luego los restos de la bastilla.- una rotonda automotriz.- y a lo lejos la torre Eiffel, iluminada. Dormir y asearse en el aeropuerto, vale que todo el sistema de llaves es de agua potable y se autoriza a beberla.
De lo poco que pude apreciar es una ciudad cara, lujosa y con un aura intelectual, junto con la moda, tiendas de marca y comida saludable; los franceses no se bañan tan seguido, durante la semana reutilizan la ropa en varias puestas durante varios días, sus artículos de aseo personal, preferentemente orgánicos-los que usan- y dado que se consideran muy ecologistas y amigables con el ambiente, esto al combinarse con el ajetreo de la ciudad y el poco aseo, los hace transpirar con facilidad, y para mi gusto, con un cierto mal olor.
Como sea es una ciudad sucia, bien señalizada, con gente ensimismada en si misma, parecen un poco egoístas en lo que al conocimiento y la academia se refiere, quizá para mantener un “orgullo” y competitividad en lo cultural con el resto de Europa, lucen pulcros, avispados, pero enjutos de sí mismos. mantienen su distancia corporal, el poco afecto que logre apreciar por las calles de la plaza D`Italia se debió a extranjeros y no a parisinos.
Ciudad gris con luces amarillas; luce de día aun por la madrugada, su gente nocturna es gentil, pero no pasan de ello con el extranjero, prefieren hablar en español, o italiano o alemán que el inglés. Desayunan dulce, lo que implica una repostería y café; los paninis (empanadas en pan baguette) también son frecuentes; lo que es salado es su plato del almuerzo y tarde.
Por lo demás, veré al regreso.
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